En Extremadura, y en concreto en la Vera, siguen ensañándose con las ganaderías de caprino: no se entiende

No hay quien lo entienda…
Que el pastoreo de cabras, una actividad que lleva perdurando siglos en estas sierras y que, hoy día, es un reducto de lo que era y que aporta y genera riqueza cultural, social y ambiental a la Vera, en vez de cuidarse como lo que es, una obra de arte del entendimiento entre el hombre y la naturaleza y una de las razones y causas por la que este paisaje forma parte de la red de espacios naturales de Europa (RN2000), muy al contrario, esté siendo diezmada con saneamientos salvajes: por lo inhumano y lo ineficaz.
Que los saneamientos que hace ahora dos años encontraban en una explotación cinco cabras “positivas” en el siguiente control encuentren 30 y en el siguiente todas ¿esto es “sanear” un rebaño?
¡Que dios nos libre de los lobos vestidos de ovejas!
Que se esté pagando a los ganaderos menos de un tercio del valor real de los animales que obligan a matar: lo tomas sí o sí.
Que se realicen saneamientos sin tener en cuenta la estructura del rebaño: en plenas parideras, a cabras preñadas o con cabritos recién nacidos que también se convierten en víctimas. ¡Son miles de “Margaritas”!
La forma en que se está tratando a los cabreros, a sus familias, sin información clara y asequible, sin darles alternativas, sin propuestas para mejorar la salud de sus instalaciones o para prevenirlas. Como si no fuesen nadie. Como si no fuesen nada.
La falta de transparencia sobre los propios saneamientos, sobre la realidad de lo que ocurre con las cabras que se matan, sobre los datos humanos y económicos de todo este proceso vistos desde abajo, sobre los resultados de esta política mal llamada sanitaria. (Una idea para gestores: cuando haya “cero” cabras, habremos conseguido declarar el territorio libre de tuberculosis: ¿enhorabuena?)
Que no se apliquen los mismos parámetros sanitarios, normativos y regulativos para la caza mayor… ah, claro, que los cazadores no son simples cabreros.
La tristeza, el estrés que está generando día a día y mes a mes en muchas familias que, como a un hacha de Damocles, esperan y van contando los días para que aparezca la furgoneta que trae a los veterinarios de los saneamientos y el siguiente hachazo sanitario, sabiéndose abocados a desaparecer, a perder su actividad económica – su trabajo-, a desaparecer como cabreros y cabreras…
Que con tanta rabia contenida y tanta estupidez, tanta injusticia alrededor, no estemos todas y todos los que amamos el campo, las cabras, las sierras, las vacas y todo eso que es el paisaje social y natural que nos acoge, unidas y unidos gritando, luchando, exigiendo, solo, un poco de justicia, de eficacia, de inteligencia, de humanidad…
No hay quien lo entienda.
Julio Majadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *