SER GANADERA ES DIFÍCIL Y ES NECESARIO DECIRLO

Por María Andrés

Nuestro medio rural se enfrenta en la actualidad a su problema más importante, el abandono y la despoblación. Un problema que cuánto más se acreciente, más difícil será su resolución. La actual situación de la ganadería extensiva es un ejemplo paradigmático de esta condición, ya que cada vez hay menos rebaños en el campo y cada vez será más difícil su recuperación. Las administraciones han aportado un  capital económico importante para abordar el desarrollo de nuestras zonas rurales, pero los resultados siguen siendo desalentadores y el problema sigue sin abordarse en su raíz. Las soluciones al futuro de nuestro medio rural se escriben en clave de mujer y si hablamos desde nuestra experiencia personal, además de ayudarnos entre nosotras, podemos aportar información relevante, que nunca se contempla desde análisis realizados en los despachos.

 

Hace 15 años me aventuré a introducirme, y tratar de establecer mi medio de vida,  en el medio rural. La cosa estaba complicada desde el principio, originaria, como soy, de la ciudad de Cuenca y viniendo de estudiar Biología en Madrid. Por suerte, no estaba sola, y  junto con mi pareja, urbanita barcelonés y técnico en automoción, tras muchas vueltas, decidimos desarrollar un proyecto familiar en medio rural. El lugar elegido fue  el pueblo de su padre, Villares del Saz en Cuenca, de donde él había emigrado a Barcelona hace la friolera de 50 años. La idea se concretó en un pequeño rebaño de cabras en extensivo y una quesería artesana asociada a esta misma explotación. Nos lanzamos, un poco a lo loco, sin haber tenido antes contacto con la agricultura y la ganadería, en una finca cedida a cambio de hacer mejoras y mantenimiento, de la familia de mi pareja (que aún viviendo en el medio rural no se habían dedicado ni a la agricultura ni a la ganadería). La verdad es que, actualmente, puedo considerarme muy satisfecha en los objetivos conseguidos, tanto los personales como los profesionales. Tampoco voy a negar que, desde la ignorancia de ser jóvenes y creer en todo lo que hacíamos, me he llevado también varias sorpresas desagradables y alguna que otra decepción, de esas que duelen durante más tiempo del que deberían….

De lo que no se habla…

No es de extrañar. La realidad es que la vida socio económica de la mujer en el medio rural se compone, en su mayor parte, bien de “ayudar” al trabajo de la explotación, sin reconocimiento ni contribución a tu seguridad social o tu currículum, mientras, claro está te dedicas también a cuidar de tu familia y de tu casa, o bien, un trabajo externo (todo el año o a temporadas) y después seguir prestando esa “ayuda familiar” a la explotación agraria y, por supuesto, seguir ocupándose de los trabajos domésticos.  Continúo leyendo esto en artículos, estudios, etc, como algo tan asumido, tan real, que se da por hecho;  además, mi propia experiencia personal me ha transmitido una mezcla de frustración y rabia que en algunos momentos, me hace pensar que no lo hablamos suficiente y que somos muchas las mujeres que todavía no hemos podido colocar esta situación junto con los sentimientos o sensaciones que nos permitan manejarla. Poner nombre a lo que sentía me ayudó: yo me sentí expulsada del medio rural. Y de repente había sido madre, y poder dedicar tiempo a mi hijo me hizo dejar de cotizar, lo que me introdujo en bucle negativo que me costó mucho romper. Para ello tuve que buscar otros trabajos adicionales, además de seguir apoyando en la granja y en la quesería. Y en esta situación sigo hoy en día, y la realidad es que muchas veces me siento  expulsada de mi propio proyecto. Y aquí quizá convenga dar una explicación sobre la que a mí me parece la infamia  mayor sobre la labor femenina en el medio rural, la fórmula denominada «ayuda familiar» . Ya dice, el propio Ministerio, que esta denominación caracteriza las actividades realizadas por muchas mujeres rurales, y que, además las invisibiliza como trabajadoras y las despoja del disfrute de sus derechos laborales y sociales. Dicha fórmula también impide el reconocimiento de su trabajo, que es visto por sus familias, y por ellas mismas, como una prolongación de las tareas domésticas. Es decir, trabajo gratis, poco reconocido y con un gran nivel de exigencia, tanto interna como externa. En palabras de Cruz Souza este trabajo «no tiene duración temporal, sino que se dilata indefinidamente durante todo el día y todos los días del año. Al no ser un trabajo remunerado, no hay una valoración cuantificable del cansancio, dedicación, esfuerzo y habilidades que conlleva», situación que repercute negativamente en la salud, bienestar y autoestima de las mujeres rurales.” Es decir, que se espera de nosotras que estemos todo el día trabajando, cuidando de la familia, de la casa, de la explotación, y que lo hagamos gratis y sin reconocimiento alguno. Desde luego como fórmula de negocio o de carrera profesional no parece la mejor…

Si eres ganadera extensiva, es aún más complicado…

El denominador común de la labor femenina en el medio rural, además, es la dedicación casi plena a los cuidados, a sostener la vida, la nuestra, la de nuestras familias y la de nuestro entorno. Aceptar que la ganadería extensiva se compromete con el cuidado de la tierra  y que por eso tiene un rendimiento  monetario menor en esta economía de los mercados, es algo que tenemos que asumir, y que por desgracia hace mucho daño a nuestro sector, siempre presionado por una rentabilidad inalcanzable. El resultado  final es que mucha gente, y particularmente muchas mujeres, acaban creyendo que hacen un trabajo inferior, cuando  deberían de estar tremendamente orgullosos y orgullosas de ser pastores y pastoras, cabreros y cabreras y de contribuir a la sociedad con esa labor y con todos los servicios que proporciona.

Si a todo esto le añadimos todas las dificultades que encuentra la mujer, solo por ser mujer en el medio rural, la combinación es clara a la par que perversa, el resultado también: no hay más mujeres ganaderas porque no se respeta, no se visibiliza y no se valora el trabajo que hacemos.

Una posibilidad  que nos atrajo, y nos motivó a dedicarnos a la ganadería extensiva, fue la posibilidad de desarrollar una actividad muy respetuosa con el entorno y con las generaciones futuras. Podíamos trabajar en el  campo, sin necesidad de tener tierras, porque existen los pastos comunales, además, contribuíamos a  cerrar los ciclos de producción, transformación y venta, sin necesidad de aportar prácticamente insumos. O sea,  lo que para nosotros era hacer algo de verdad sostenible. Esta actividad sólo tenía un problema, que con la emoción del comienzo tardamos en darnos cuenta: no es respetuosa, ni sostenible, con nosotras mismas, pues acarreaba  una importante carga de trabajo, de ese que se llama reproductivo, que es necesario para que el proyecto siga adelante, pero que no tiene un reconocimiento económico ni social. Para aclararnos, los expertos y expertas, llaman trabajo reproductivo a todos esos cuidados de los que hablábamos (bienes y espacios domésticos, educación, relaciones sociales, cuidado del entorno…) incluido, por supuesto, el cuidado de la tierra.

En esta situación es más difícil todavía que la mujer mantenga su hueco en la ganadería extensiva, ya que el trabajo de pastoreo, que requiere muchas horas al día y, como hemos dicho, tampoco tiene un reconocimiento social y económico acorde a su labor.

Y, aunque se están dando pasos hacia adelante, el progreso es mucho más lento del esperado. Por ejemplo, en 2010 surge la posibilidad de acogerse a la cotitularidad agraria,  una figura que presenta una serie de beneficios, además  de visibilizar el trabajo de la mujer en los proyectos productivos agrícolas y ganaderos. Por otro lado en algunas regiones existen o se están elaborando estatutos de la mujer agricultora y de la mujer rural. Todos ellos son avances pero, igualmente se quedan muy cortos, ya que no integran la economía de los cuidados en los modelos productivos, los planes de viabilidad ni el diseño de las unidades de trabajo anual de cada explotación.  Si verdaderamente queremos profesionalizar la actividad agrícola y ganadera de las mujeres, la solución pasa no sólo por visibilizar la aportación productiva que la mujer hace en el medio rural, sin la cual no se sostendría el modelo socioeconómico y los pueblos quedarían totalmente abandonados, sino por, reconocer el trabajo reproductivo y su aportación a la economía, al bienestar y al futuro del medio rural.

Necesitamos otras vías…

Me considero una persona extremadamente positiva y cómo no, también tengo un análisis optimista para esta situación: yo creo  que uno de motores de cambio puede ser, precisamente, la situación extrema que vivimos en la ganadería extensiva. En la mayoría de los sectores las principales afectadas por esta situación son las mujeres, pero, en este caso, lo sufren tanto hombres como mujeres (si bien es cierto que nosotras sufrimos, además, la doble problemática de mujer y rural). Si la ganadería extensiva quiere sobrevivir, debe hacerlo construyendo otro tipo de relaciones económicas, comerciales y de apoyo donde lo importante sea dignificar el trabajo de pastoras y pastores y haya un modelo socio económico que nos ayude a conseguir ese objetivo. Nosotras ya hemos empezado…

Ganaderas en Red:

Y uno de los primeros pasos que hemos dado ha sido asociarnos a distintas iniciativas de apoyo a nuestra labor. Hablaría aquí del papel estupendo de la Red de Queserías de Campo y Artesanas, trabajando para mejorar las condiciones de la producción artesanal, o el papel político y social de apoyo que realiza la Plataforma por la Ganadería Extensiva y el Pastoralismo. Pero, para mí, la clave ha sido la agrupación y asociación de mujeres para apoyarse, organizarse y reivindicar su espacio. Para mí, conocer Ganaderas en Red,  GeR, me ayudó a poner nombre a lo que sentía, y a darme cuenta de que no era algo individual, sino que a las más de 150 mujeres que formamos parte de este grupo también les había pasado, les pasaba o les podría pasar… La existencia de un grupo de iguales en el que poder apoyarte es fundamental. Además en este caso un grupo de mujeres con una gran fuerza, desde donde nos planteamos no sólo el apoyo mutuo, sino la búsqueda de soluciones a nuestros problemas. Y esta labor la desarrollamos conjuntamente  a todos los niveles, desde promover cambios legislativos y aportar alegaciones a los procesos administrativos hasta  promover nuevas formas de organización, consumo, autoformación, etc., que dignifiquen el trabajo de la ganadería extensiva y el papel de la mujer en la misma.

      

Fuente: entretantos

En la actualidad, sabemos que nuestro proyecto está abocado a más cambios, sí, más cambios y eso es algo que no debería asustarnos a nadie. Si finalmente asumimos que para poder tener una rentabilidad económica familiar hay que hacer trabajo externos, sobre todo en la etapa de crianza, habrá que buscar la fórmula que mejore nuestras condiciones de vida (tiempo libre, vacaciones). Por nuestra parte, eso nos ha llevado a innovar y contemplar el pastoreo racional voisin combinado con el pastoreo móvil como alternativa de manejo ganadero, lo que nos mejora bastante el día a día. Además, estamos valorando la posibilidad de juntarnos con otros ganaderos y ganaderas, ya sea durante  todo el año o parte del mismo, para poder compartir el trabajo y así cuidarnos entre nosotras. Y hasta dejarlo y pasar a una nueva etapa, eso también lo hemos valorado, aunque esto del pastoreo engancha, tenedlo en cuenta antes de probarlo.

Dedicado con cariño a todas las mujeres y en especial a las GeR.

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